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La inagotable fuente de talento del voleibol femenino chino

El 21 de agosto de 2016 (hora de Beijing) es una fecha que ya está grabada a fuego en la memoria colectiva  de  los aficionados chinos al apasionante deporte del voleibol. Una más. Ese día, la selección femenina de China se impuso por 3 sets a 1 en la final olímpica disputada en Río de Janeiro contra la selección de Serbia.

Y no se trató de una victoria cualquiera, sino de una cargada de simbología y significado; una victoria redentora, curativa y memorable. En unos Juegos donde el rendimiento de los atletas chinos, si no decepcionante, sí estuvo por debajo de las expectativas que su propia evolución había generado, la victoria de las chicas del voleibol, aunque no completamente inesperada, pues iniciaron el torneo como el tercer mejor equipo del mundo, sí tuvo algo de sorpresiva.

Tras perder su partido de debut ante Holanda y clasificarse por los pelos para los cruces con tres victorias y dos derrotas en la fase de grupos, las expectativas de los aficionados no podían ser muy halagüeñas. Sin embargo, el juego del equipo chino rozó la excelencia en los cuartos de final ante la anfitriona. Brasil se presentaba como la gran favorita, pero al otro lado de la red se encontró la mejor versión del equipo femenino chino, ese que lleva más de tres décadas dando alegría tras alegría a su afición.

Que el equipo fue de menos a más  lo comprobó en semifinales Holanda, que esta vez no tuvo opción alguna ante una China desatada y liderada por el asombroso poder rematador de Zhu Ting, quien conectó 86 remates ganadores en los últimos tres encuentros, 25 de ellos en la final, erigiéndose así como la última gran estrella de un equipo del que siempre cabe esperar que escriba páginas gloriosas para el deporte chino como la de de los Juegos de Río.

Una historia de éxito

Los aficionados chinos al voleibol femenino podrían completar un cronograma de las últimas tres o cuatro décadas de sus vidas utilizando los éxitos de su equipo como mojones, como referencias temporales que todos conocen. Hay más medallas en el palmarés del equipo femenino chino de voleibol que monedas en las preciadas colecciones de muchos aficionados a la numismática.

Sin duda, las más recordadas por los aficionados son los tres oros olímpicos, conseguidos en Los Ángeles 1984, atenas 2004 y Río de Janeiro 2016. a ellos hay que sumar dos Mundiales (1982 y 1986), cuatro Copas del Mundo (1981, 1985, 2003 y 2015), siete oros en los Juegos Asiáticos, trece en los Campeonatos de Asia y otros cuatro en las Copas de Asia. Súmesele a todo lo anterior las medallas de plata y bronce en todas esas competiciones y se convendrá en que pocos equipos en el planeta, independientemente de la disciplina deportiva, han logrado tan laureado palmarés como el de estas chicas de oro en solo cuatro décadas, que son las que han pasado desde que el deporte chino se reincorporó a las competiciones internacionales.

Pues bien, hay un eslabón que une el inicio de  esta formidable carrera, a principios de los años ochenta del siglo pasado, y el momento actual.  Y ese eslabón tiene nombre y apellido, y no es otro que Lang Ping, la única persona en el planeta, hombre o mujer, que ha ganado el oro olímpico primero vestida de corto y más tarde dirigiendo al equipo desde el banquillo.


El martillo de hierro

Conocida como el “martillo de hierro” en sus tiempos de jugadora por la increíble potencia y precisión con las que remataba en las inmediaciones de la red, Lang Ping capitaneó a la selección china en sus primeros grandes éxitos internacionales, fundamentalmente en dos Mundiales, dos Copas del Mundo y en los Juegos de Los Ángeles, los cuales supusieron el regreso de China a la arena olímpica tras décadas de ausencia.

20 de agosto de 2016. Lang Ping y los miembros del equipo femenino chino de voleibol celebran durante la ceremonia de premiación en las Olimpiadas de Río 2016. CFP
15 de enero de 2017. Lang Ping gana el Premio a Mejor Entrenador en la Elección de Personajes Deportivos 2016 en Beijing. CFP

Su indiscutible talento para este juego, así como su carisma y liderazgo la convirtieron en una heroína nacional. Tanto fue así que su  boda, en 1985, fue retransmitida a nivel nacional por televisión, su nombre fue utilizado para bautizar un estadio y su busto llegó a aparecer en los sellos de correos.

Tanta era su popularidad que se convirtió en una de las causas por las que en 1987 abandonó China con destino a Estados Unidos, según confesó ella misma en su autobiografía, publicada en 1999: “aunque me había retirado, no podía llevar una vida como la de la gente normal. La gente  a menudo me reconocía y me hacía sentir como si no fuese yo misma. Me sentía condicionada incluso cuando iba de compras”, escribió.

Sin embargo, otras de las causas que la llevaron a abandonar China fueron las de aprender inglés y expandir sus horizontes. Y eso fue lo que hizo, con notables progresos en su carrera profesional, siempre ligada al voleibol. Tras unos años al otro lado del Pacífico fue reclamada por su  país  para que  tomara las riendas del equipo nacional, al que condujo  a conquistar la medalla de plata en los Juegos de Atlanta en  1996.

Más tarde entrenó en Italia, donde se diputa una de las ligas más competitivas del planeta y donde ganó siete títulos de Liga y fue nombrada entrenadora del año en otras siete ocasiones. También pasó por Turquía y en 2005 se hizo cargo del equipo femenino de voleibol de Estados Unidos, una decisión que causó controversia en China. La polémica se avivó cuando EE. UU. apeó a China de la lucha por las medallas en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, medalla que sí consiguió EE. UU., aunque fuese de bronce.

Sin embargo, aquel desencuentro con parte de la afición china no abrió una herida imposible de cicatrizar, ni mucho menos. Las autoridades deportivas del país asiático le volvieron a pedir que diese un paso  al frente en  favor del  voleibol chino y Lang Ping lo hizo de nuevo. Entonces lideraba desde el banquillo al Guangdong Evergrande en la liga local a cambio de un salario anual con muchos ceros.

Cuando le llegó la oferta, Xu Jiayin, propietario del club, dijo que “el interés nacional” tenía prioridad sobre los éxitos de Guangdong Evergrande, y permitió a Lang Ping romper su contrato para abanderar el voleibol chino en la competición con más prestigio del planeta. También le prometió a Lang Ping que el banquillo del Evergrande la estaría esperando para cuando decidiese volver. Y el resto ya lo hemos contado. Con Lang Ping al mando, China lo hizo de nuevo en Río y se colgó su tercer oro olímpico.

“Hoy, gracias a su duro trabajo y su esfuerzo, las chicas nos han llevado gloriosamente de nuevo a lo más alto del pódium”, escribió Lang Ping en las redes sociales después de conquistar el oro en Río.

El futuro de Lang Ping es una incógnita. No tanto el de China, que tiene sobre el parqué a un ramillete de jugadoras excepcionales entre las cuales, por qué no, tal vez esté quien tome el relevo de Lang. Por ejemplo, la asombrosa Zhu Ting, que como Lang en su momento, acaba de maravillar al mundo con su juego. El vivero del voleibol femenino chino es inagotable. Hay chicas de oro para rato.

 

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