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Los recuerdos y balances de un ex embajador de China en Uruguay

Después de graduarme en la Universidad de Asuntos Extranjeros de China en 1960, empecé mi carrera diplomática que duró 40 años. Durante ese tiempo visité muchos países latinoamericanos en delegaciones comerciales, culturales, sindicales, de prensa y de la juventud de China. Finalmente fui embajador de China en Uruguay.


Primer contacto

La conexión inicial con el país latinoamericano fue a través de intercambios culturales no gubernamentales. En 1962 me encargaron recibir a una delegación artística de América Latina que visitó China. Entre las representaciones, el tango La Cumparsita, interpretado por artistas uruguayos, me impresionó profundamente. La melodía, unas veces suave y otras veces enérgica, combinaba con la nostalgia, la tristeza y los pasos de la pareja de baile, lo que conmovió a todos los espectadores.

Fue creada por un joven uruguayo estudiante de arquitectura en 1917, y saltó a la fama mundial después de su difusión en París en 1924. En septiembre de 2009, en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), la Unesco declaró al tango de Argentina y Uruguay como Patrimonio Cultural Inmaterial Mundial.

En 1964 tuve el honor de visitar Uruguay como miembro de una delegación de arte folclórico de China. Durante los pocos días de estancia encontré un ambiente muy amistoso y experimenté el nivel cívico y educativo de los uruguayos. En los sitios públicos hablaban en voz baja para no molestar a los demás. En esa visita sentimos la belleza del país y la amabilidad de su pueblo.

En la primera mitad del siglo pasado, Uruguay alcanzó un estado ideal, con estabilidad política, desarrollo positivo de su economía, altos niveles de seguridad social y bienestar público. Era el país más desarrollado y democrático de América Latina en aquel entonces. Esa visita nos permitió conocer a una nación que disfruta de la reputación de ser la “Suiza de América”.

Promover la exportación de lana a China

En abril de 1997, durante su visita a China, el presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, subió otra vez a la Gran Muralla y recordó a su acompañante, Tang Mingxin, el proverbio de Mao Zedong: “Quien no ha subido a la Gran Muralla no es una persona de verdad”.

En 1988, China y Uruguay establecieron relaciones diplomáticas. Ocho años después, en julio de 1996, asumí el cargo de embajador en ese país. El entonces presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, dirigente del Partido Colorado, abogó por la paz, la apertura y una política exterior de respeto a la soberanía de otros países, de no intervención militar y de no implicación en los asuntos internos de otras naciones. Decidió establecer relaciones diplomáticas con nuestro país y reconocer la política de “una sola China”, por lo tanto, llegué a Uruguay con la confianza en el brillante futuro de las relaciones bilaterales. Durante mi corto período de tres años y medio hice dos aportes al establecimiento de acuerdos que permanecen siempre en mi memoria. El primero fue ayudar a la promoción de la exportación de lana uruguaya a China.

En marzo de 1997 visité al presidente Sanguinetti para hablar sobre lo que sería su visita a China. Me indicó que la agricultura y la ganadería de Uruguay estaban muy desarrolladas y que la economía del país siempre dependía de la exportación de lana, de ternera y de cordero. Dijo que el comercio de lana también era la base del comercio chino-uruguayo, y que era muy importante para la relación bilateral.

Le aseguré que estaba consciente de mi responsabilidad como embajador y le prometí que informaría sobre nuestro diálogo a mi Gobierno. Los embajadores chinos siempre priorizaron el comercio de la lana en sus agendas de trabajo, por lo que nos llamaban “embajadores de la lana”.

Pocos días después del encuentro visité a Pedro Otegui, presidente de la Cámara de Comercio Uruguay-China, y hablamos sobre el desarrollo del comercio bilateral de la lana. Le aconsejé que durante su visita a China, acompañara al presidente Sanguinetti para inspeccionar una de las compañías chinas que comercializaban la lana uruguaya. A Otegui le pareció muy buena idea.

Después de recibir mi informe, el Gobierno chino arregló la visita del presidente Sanguinetti al Grupo Hengyuanxiang en Shanghai, así como los intercambios entre los representantes de la Cámara de Comercio Uruguay-China y el gerente general de Hengyuanxiang junto con los representantes de empresas procesadoras de lana de la ciudad de Zhangjiagang. Al final, acordaron aumentar la importación de la variedad de lana uruguaya y de cooperar en la producción, el procesamiento y la venta de lana en China.

Años más tarde, China se convirtió en el mayor importador de lana uruguaya, representando casi el 50 % de las exportaciones totales de ese producto y sus derivados. El consumo del Grupo Hengyuanxiang ocupaba el 15 % de la producción total de lana de Uruguay, su mayor cliente en el mundo.

Intercambios con el Frente Amplio

En los más de 100 años de democracia en Uruguay, los dos partidos tradicionales, el Partido Colorado y el Partido Nacional, se turnaban en el poder. Mi segundo aporte está relacionado con este tema. El Frente Amplio fue fundado en 1971 e inicialmente su influencia era limitada. Con una visión integral y prospectiva, empecé a tener contacto con esta fuerza política. Primero invité a su líder Tabaré Vázquez Rosas a conversar en la embajada china para tratar los temas sobre los intercambios entre partidos. Vázquez expresó su agradecimiento y disposición a establecer contactos con el Departamento Internacional del Comité Central del PCCh, y a realizar intercambios relacionados con la formación de personal y asuntos partidarios. Apreció mi visita al alcalde de Montevideo y mi plan de organizar intercambios culturales con esa ciudad. Montevideo era una ciudad importante para el Frente Amplio, y varios de sus alcaldes lideraron este partido.

Después del encuentro, presenté de inmediato un informe al Departamento Internacional del Comité Central del PCCh y sugerí que invitaran a Tabaré Vázquez a China y establecieran un mecanismo de intercambio entre ambos partidos, lo que tuvo lugar en 1998. Los dos partidos acordaron establecer un mecanismo de intercambios amistosos, incluyendo la formación de cuadros, la organización regular de seminarios sobre la gobernación del Estado y que los cuadros del Frente Amplio realicen investigaciones en China. Al mismo tiempo, aceleré la cooperación con el municipio de Montevideo para organizar en la ciudad una serie de actividades de intercambios culturales.

En ocasión del décimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Uruguay, se celebró en el ayuntamiento una exposición fotográfica y se organizó una donación de álbumes y libros sobre los grandes cambios de China y el arte tradicional chino a escuelas secundarias locales. A propuesta de Tabaré Vázquez, Montevideo se hermanó con la ciudad de Qingdao, ubicada en la provincia de Shandong.

En diciembre de 1999, en el último encuentro con Vázquez antes de que yo dejase el cargo, me dijo cordialmente: “Es una lástima que se marche de Uruguay. Usted será nuestro amigo para siempre. Si un día me eligen presidente, usted será mi invitado”. El tiempo pasó volando. En 2016, cuando ocupó por segunda vez la Presidencia de Uruguay, nos reunimos en Beijing. Aunque habían pasado 16 años, la amistad seguía siendo entrañable. Cuando me vio, se me acercó inmediatamente y me abrazó.

Durante la visita a China en octubre de 2016, Tabaré Vázquez (centro) se reunió con Tang Mingxin (primero a la der.).

Perspectiva de la relación China-Uruguay

Después de tres décadas del establecimiento de lazos diplomáticos, las relaciones entre los dos países se desarrollan con facilidad. Los dirigentes de alto nivel de ambos países se visitan con frecuencia, la confianza política mutua se profundiza, los intercambios y la cooperación comercial, cultural, científica y tecnológica aumentan cada día más. En los asuntos internacionales y regionales, la coordinación es satisfactoria. Uruguay es un buen socio y amigo de China. En octubre de 2016, el presidente Xi Jinping, junto con su par uruguayo, Tabaré Vázquez, que se encontraba de visita a China, decidieron establecer una asociación estratégica sobre la base del respeto mutuo, la igualdad y las ganancias compartidas, elevando a un nuevo nivel las relaciones entre los dos países.

En el futuro creo que tendremos que fortalecer los intercambios en todos los aspectos entre los Gobiernos, cuerpos legislativos y partidos, mantener la comunicación estrecha entre los dirigentes de alto nivel, y reforzar la confianza política mutua. También se debe de promover la Iniciativa de la Franja y la Ruta, fomentar la conexión estratégica y desarrollar el comercio bilateral, optimizar la estructura del comercio bilateral, estimular a más empresas a invertir en Uruguay y participar en la construcción de infraestructura. Otros de los asuntos en los que se debe perfeccionar la labor son los intercambios culturales, educativos, turísticos, deportivos, científicos y tecnológicos y mejorar la comunicación y coordinación en temas como el cambio climático, la gobernanza económica mundial, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, el mantenimiento de la paz y la cooperación Sur-Sur.

“Una torre de nueve pisos se construyó desde una espuerta de tierra. Un viaje de mil li (el li es una unidad de longitud tradicional china) empezó dando el primer paso”. Estoy convencido de que los dos países, estimulados por un espíritu emprendedor y tomados de la mano, recibirán un futuro más próspero.

*Tang Mingxin es ex embajador de China en Uruguay

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