Sociedad

Luego de pasar por una difícil niñez, Dorje Rabten busca hoy aportar a la sociedad

Recientemente un amigo fue intervenido quirúrgicamente. Le pregunté si necesitaba algún enfermero que lo cuidara y me habló de Dorje Rabten, un joven aprendiz en este tipo de cuidados. Luego me presentó a este optimista muchacho tibetano.

Una dura infancia

Dorje Rabten tiene 21 años y estudia en Beijing desde hace dos años. “Mi pueblo natal está en la prefectura autónoma tibetana de Haixi, en la provincia de Qinghai. Sus montañas, ríos y el ganado conforman un hermoso paisaje que completan sus pobladores, famosos por su generosidad y sinceridad”. La hermosa descripción de Dorje provocó en mí deseos de visitarlo cuanto antes.

Su padre murió cuando Dorje era muy pequeño. Desafortunadamente, cuando tenía 13 años, su madre también falleció, dejándolo no solo a él, sino también a su pequeño hermano, quien a los tres años de edad había sido diagnosticado con deficiencia mental de grado ligero. Los especialistas determinaron que su caso pertenecía a la primera categoría de minusvalía. Los dos hermanos huérfanos pasaron al cuidado del abuelo y una tía.

“En ese entonces, lo que más me gustaba era llevar las cabras a pastar montado a caballo. Gozaba de la sensación del viento rozando mi cara. Me hacía sentir que era feliz y que tenía futuro”, dice Dorje con una gran sonrisa. Les agradece mucho a sus tutores. “Mi abuelo y mi tía nos aman mucho. Aunque no tienen un alto nivel cultural, me enseñaron a ser una buena persona”. Dorje subraya que siempre ha considerado a su abuelo como papá y a su tía como mamá.

A pesar de que su abuelo es una persona mayor y no goza de buena salud, nunca descuidó la educación de Dorje, mientras que a su hermano menor lo llevó a que recibiera un tratamiento médico adecuado. Aunque la tía está siempre muy ocupada porque tiene un hijo de seis y una niña de cuatro años, cuida a Dorje y a su pequeño hermano como si fuesen sus propios hijos. Otros parientes y vecinos también les ayudan mucho. El joven tibetano se considera una persona muy simple. “Nos criaron y educaron en la sagrada tierra de Qinghai. Las personas de Haixi me dieron un amor profundo y atenciones, demostrándome que no estoy solo”. Dorje es consciente de que su esfuerzo es el único camino para responder a las personas que le han proporcionado un profundo cariño. Los estudios universitarios le permitirán agradecer a sus parientes y vecinos, y hacer un aporte a la sociedad.

Sueño cumplido

A Dorje Rabten le gusta jugar al baloncesto.

Dorje no podrá olvidar nunca el verano de 2015, cuando enviaron a su casa el aviso de admisión de la universidad. Su abuelo, su tía y todos los aldeanos estaban muy alegres. Esa noche se desveló. Había realizado su sueño y, después de graduarse de la universidad, podría hacerse cargo de la familia. Pero conociendo muy bien los apuros económicos en casa, los gastos educativos eran una preocupación para todos. Más aún, los hijos de su tía necesitaban cuidados y el pequeño hermano de Dorje no era capaz de cuidarse a sí mismo.

Un pariente le ayudó a presentar su caso ante el Buró de Asuntos Civiles de Haixi. Los empleados le dijeron que su situación se ajustaba a las políticas de asistencia que el Estado tiene para los huérfanos, y le sugirieron que estudiara en Beijing, en el Instituto de Administración de Cuadros de Asuntos Civiles. “Lo pensé por mucho tiempo. En la capital, y lejos del pueblo natal, uno puede aprender muchas cosas. Finalmente opté por irme a Beijing para seguir instruyéndome”. Considerando el estado de salud de su pequeño hermano, Dorje escogió la carrera de rehabilitación y tratamiento senil. Aquel septiembre inolvidable, solo y cargado de maletas, Dorje tomó el tren rumbo a Beijing, iniciando así el primer viaje largo de su vida, el cual lo llevaría a cumplir su sueño. Tras más de 20 horas en tren, llegó a la capital. Se adaptó rápidamente al clima de Beijing y a la vida universitaria, y logró hacer amigos.

Como descansaba los fines de semana, decidió aprovechar ese tiempo libre. Gracias al apoyo de un profesor de su grupo, junto con otros estudiantes, trabajó como profesor asistente durante tres meses. Enseñó canto y baile en la Escuela Primaria Maqifa, en las afueras de Beijing. A los niños les gustaban mucho las enseñanzas de un hermano tibetano.

La experiencia en Maqifa dejó una impresión profunda en Dorje, quien insistió en continuar ofreciendo sus servicios a la sociedad. Poco después, junto con otros alumnos del Instituto de Administración de Cuadros de Asuntos Civiles, fue guía de la exposición de un calígrafo chino que quedó muy satisfecho por sus servicios y que sacó 10.000 yuanes de la subasta de sus obras para donarlos al grupo de Dorje.

En las vacaciones de invierno del primer año universitario, su instituto se contactó con los organismos correspondientes para conceder más oportunidades a otros estudiantes. Por esa vía, Dorje entró a colaborar en una organización de apoyo a personas discapacitadas. Su tarea fue enseñarles a bailar cada jueves por la tarde. Además, participó activamente en eventos organizados por su instituto. En la competencia de modelos, Dorje logró sacar una buena puntuación. Lo más importante para él no era conseguir un premio, sino ampliar su visión y conocer a muchos amigos. Por su excelente capacidad de organización, fue electo responsable del comité de estudiantes de su instituto. Estas experiencias han enriquecido su vida.

La búsqueda de un camino propio

En las vacaciones de 2016, Dorje regresó a su pueblo natal. Además de ayudar a su abuelo y a su tía en los quehaceres domésticos, trabajó en varios lugares. En las vacaciones de este año decidió quedarse en Beijing. Fue contratado como practicante en un asilo de ancianos, una experiencia que también lo marcó profundamente. Gracias a su paciencia y sinceridad, se ganó el respeto de todos en el asilo.

Luego encontró un anuncio en el que buscaban un disc-jockey para bodas. En dicho trabajo conoció a Ali. La cooperación perfecta entre ambos propició la celebración de una exitosa boda y los dos se hicieron buenos amigos. Ali es de la etnia han y confía mucho en su amigo tibetano. Dorje se esfuerza en ayudar económicamente a su familia, en responder a la sociedad y en lograr que su pequeño hermano se mejore. Sabe que con un corazón agradecido se puede llegar muy lejos.

Sonríe tímidamente al hablar de su futuro. “Después de dos años de estudios, prácticas y trabajos, he aprendido mucho y he conocido a muchas personas sinceras. Mi plan es simple: esforzarme al máximo para cumplir mis sueños y ayudar a los demás”. En el futuro tal vez se quede en Beijing para poner en práctica lo que ha estudiado o regrese a su pueblo natal. De todas formas, nunca abandonará su idea inicial. “En Qinghai soy un adulto, pero en Beijing soy solo como un alumno de secundaria. Aprender me estimula. Agradezco mucho a las personas que me han apoyado ofreciéndome oportunidades para mi desarrollo. El próximo objetivo es seguir esforzándome en alcanzar la meta de mi vida y hallar mi propio camino”

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